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Brain fog es una Red Flag: La Neuroinflamación

La neuroinflamación

 

Una bandera roja indica peligro. Es una señal universal que todos entendemos y, ante ella, nos ponemos alerta. El idioma universal para la ciencia es el inglés y, por eso, en ciencia se habla de Red Flags. Si lo llevamos al terreno de la medicina, una red flag es un aviso. Nos advierte del riesgo de que detrás de terminados signos o síntomas haya una enfermedad grave. Pero hay veces en las que la bandera roja está ahí, avisándonos, y no somos capaces de verla, ni tan siquiera de intuir su existencia.

 

Qué es la neuroinflamación

Yo quiero hablaros hoy de una red flag a la que rara vez se presta atención. Si os digo que se trata de la neuroinflamación, es muy posible que penséis que ‘eso a mí no me pasa’. Pero si os hablo de síntomas tan habituales como una nebulosa mental, disminución de la capacidad de mantenerte concentrado, somnolencia, lentitud en el pensamiento… Eso sí que os ha pasado, ¿verdad?

 

En la mayoría de las ocasiones estos síntomas son transitorios, aleatorios y no siguen un patrón concreto, por lo que no se le suele dar mucha importancia. Nos decimos cosas del estilo ‘no habré dormido bien’, ‘me ha sentado mal la comida…’, ‘no debí tomar esa última copa…’, pero, en realidad se trata de un signo muy concreto: tu cerebro está inflamado.

 

 

¿Inflamación del cerebro? Esto sí que nos suena fuerte. Al fin y al cabo, el cerebro es el órgano que nos define y caracteriza como seres humanos. En aporte de energía o materia prima, toda nuestra fisiología prioriza al cerebro antes que a otros órganos, y hasta procesos como el de la gestación y el parto son diferentes a los de otras especies ‘por culpa’ de ese enorme cerebro que nos permite pensar, elegir, razonar, tener conciencia de nuestra identidad, memorizar o argumentar. Pero, al fin y al cabo, el cerebro, al igual que el resto de los órganos, puede sufrir un proceso inflamatorio. Y este proceso le puede llevar, nos puede llevar, a la pérdida de función cerebral. A ir a ralentí, a tener esa niebla mental.

 

Como en el cerebro no hay nociceptores, la neuroinflamación no causa dolor

Pero causa muchas otras cosas: pérdida de la función cerebral, incapacidad para levantarse de la cama, pérdida de motivación… Hace que una persona no tenga una gran resistencia, que esté cansada todo el tiempo. Dicho de otra manera, la neuroinflamación pone un filtro de blanco y negro a la realidad, todo nos parece más triste.

 

Si notas que te ocurre, plantéaselo a tu terapeuta. Y, si eres terapeuta, déjame insistir en esto: ante signos clínicos como los que te he dicho, y otros del tipo depresión, dificultad para concentrarse (especialmente por mucho tiempo), letargo, fatiga, falta de motivación, malestar durante el ejercicio, necesidad de dormir muchas horas… Estás ante una auténtica Red Flag.

 

En este artículo quiero explicarte las causas más habituales de la neuroinflamación, cómo se produce y qué cambios en el estilo de vida se pueden incorporar para intentar solucionarlo.

 

Cómo se inflama el cerebro

Si hablamos de células cerebrales, seguro que se te vienen a la cabeza las neuronas. Son, sin duda, las más conocidas, pero no son las únicas… y tampoco las más abundantes, ni mucho menos. Se estima que el cerebro humano contiene más de 80.000 millones de neuronas; pues bien, por cada neurona hay diez células gliales. Esta enormidad supone el 90% de las células cerebrales y conforma una sustancia llamada glía o neuroglia. Y su estudio está hoy en pleno apogeo.

 

Efectivamente, con las células gliales pasa lo que con tantas otras estructuras: que durante mucho tiempo se piensa que no tienen una función… hasta que se descubre para qué sirven, y su importancia. Identificadas en 1858 por el médico alemán Rudolf Virchow, durante más de un siglo se pensó que simplemente estaban de relleno, ocupando espacio entre las neuronas (la raíz latina de glía es pegamento). Pero hoy se sabe, y así lo vemos en diferentes estudios, que su actividad es determinante para la buena función cerebral.

 

Existen diversos tipos de células gliales:

Las células de Schwann son las únicas que se encuentran en el sistema nervioso periférico (SNP), es decir, en los nervios que recorren todo el cuerpo. En el sistema nervioso central (SNC) encontramos tres variedades de células gliales: microglía, oligodendrocitos y astrocitos. Y estas son las que más nos interesan, pues son las que están especialmente involucradas en la neuroinflamación.

 

En un estado de normalidad, las funciones de estas células son importantes:

 

  • Apoyan la función neuronal
  • Mejoran la velocidad de transmisión
  • Producen factores de crecimiento neuronal regulando la neurogénesis
  • Recogen los desechos vertidos por las neurona al espacio extracelular

 

Pero no solo desempeñan funciones de soporte y asistencia a las neuronas, sino que tienen un papel determinante en la neuroinflamación. La cuestión es que, ante diversos estímulos que son percibidos como una agresión, estas células cambian completamente su patrón de actividad y se transforman en células inmunitarias, produciendo inflamación cerebral.

 

El ejemplo paradigmático es el de las microglías:

Para ayudarte a entenderlo, recordemos lo que te contábamos en este artículo acerca de lo que sucede con los macrófagos y el inmunometabolismo. Decíamos que se ha visto que se trata de células inmunorreguladoras que dependen de su actividad metabólica para generar una respuesta u otra, tanto una potenciación de la inflamación como una modulación de ésta. Pues bien, las microglías siguen un patrón parecido. Así, en condiciones estables, circulan por el cerebro cumpliendo sus funciones: regular la neurogénesis, remodelar sinapsis, recoger desechos… Pero, desde ese estado de reposo, pueden evolucionar, de manera similar a los macrófagos, en dos sentidos:

 

  • Hacia un fenotipo proinflamatorio M1, con el objetivo de eliminar un patógeno o reparar el daño de un tejido
  • Hacia un fenotipo antiinflamatorio o M2, cuya finalidad es resolver una inflamación y así volver a la homeostasis.

 

Como bien puedes sospechar, un desequilibrio de la microglía hacia la expresión M1 es lo que genera los síntomas asociados a la neuroinflamación.

 

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Dolor referido visceral

 

¿Estamos a tiempo de parar la neuroinflamación?

Esta pregunta es esencial. Al igual que sucede con muchos otros procesos fisiológicos, también la neuroinflamación tiene distintos estadios.

 

  • La Neuroinflamación transitoria
  • Neuroinflamación crónica
  • Neuroinflamación con sello en las células glía
  • Autoinmunidad neurológica

 

¿Dónde debemos intervenir? En el primer estadio. Se trata de identificar aquellos factores que pueden causar una neuroinflamación transitoria y ponerles remedio antes de que se cronifiquen, pues una vez que las células gliales sufren un ‘print’ ya no son capaces de volver a su estado de reposo. Se vuelven extraordinariamente reactivas a cualquier señal de activación inmunitaria de la periferia. Como te puedes imaginar, tanto el pronóstico como las expectativas clínicas cambian drásticamente.

 

Pero, ¿cómo se produce la neuroinflamación?

A estas alturas, es posible que te estés preguntando cómo es posible que se pueda producir esta activación de las células gliales, ya que se encuentran dentro del cerebro y, en consecuencia, están ‘protegidas’ por la barrera hematoencefálica (BHE). Lo primero que debemos saber es que ésta no se trata de una barrera infranqueable, sino de una membrana permeable muy selectiva en la que los astrocitos se ocupan de filtrar lo que puede pasar al otro lado. Así, permiten que penetre oxígeno y glucosa (el alimento de las neuronas), pero intentan frenar la entrada de sustancias inflamatorias producidas por el cuerpo.

 

Esto es así en estado de normalidad. Pero las cosas pueden cambiar. ¿Recuerdas lo que hemos hablado tantas veces de la hiperpermeabilidad intestinal? Pues, de una manera parecida, también la barrera hematoencefálica se puede deteriorar, permitir el paso de sustancias inflamatorias y, así, provocar la activación de las células gliales.

 

Esta activación puede hacerse a través de varios mecanismos:

  • Difusión pasiva tras una actividad inmunitaria potente (recordemos que la BHE no es completamente invulnerable, pueden pasar inmunomensajeros e influenciar al cerebro, principalmente al hipotálamo).
  • Transporte activo de mediadores inflamatorios por la barrera hematoencefálica.
  • Liberación de activadores de células glía por el endotelio vascular.
  • Activación mediada por el nervio vago.

 

Se trata de mecanismos complejos. Lo verdaderamente importante, lo que te tiene que quedar claro, es cómo actuar para prevenir esta activación o, si ya se ha producido, para paliar sus efectos y que no evolucione desde una neuroinflamación transitoria a otra crónica. Y de eso te voy a hablar ahora.

 

La neuroinflamación

 

¿Cómo evitas la neuroinflamación? Cambia tu vida

Como os explicaba al principio, esos síntomas de niebla mental, confusión, letargo, apatía… son una red flag: pueden ser los primeros signos de que una persona sufre neuroinflamación. Y hay cinco factores en los que poner el foco: consumo de alcohol, alimentación, sueño, estrés y ejercicio. Un quinteto de factores de riesgo que nos resulta familiar, pues está detrás de prácticamente la totalidad de los procesos patológicos. Si tienes estos signos, examina estos aspectos de tu vida. Y, si eres terapeuta y los identificas en un paciente, siéntate con él, repasa estos factores y explícale cómo le afectan.

 

1.- Alcohol

Falta de estabilidad y de coordinación, confusión, dificultad para concentrarse… Una borrachera es lo que tiene, así que, si te digo que el cerebro es uno de los tejidos con más sensibilidad al alcohol, no creo que te sorprendas. Hay estudios que así lo corroboran. ¿Cómo sucede?

 

  • En primer lugar, el alcohol es un inductor de la respuesta M1 de las microglías.
  • Además, en el hígado reside una población estable de macrófagos conocidos como células de Kuppfer, que también pueden expresarse como M1 (inflamatorias) o M2 (antinflamatorias). El alcohol induce una respuesta inflamatoria en el hígado y, vía nervio vago, influye en la respuesta inflamatoria cerebral.
  • No solo eso: a su vez, el alcohol produce permeabilidad de la barrera hematoencefálica, lo que implica un aumento de la difusión pasiva de alcohol y otras toxinas al cerebro.

 

En definitiva, parece ser que cuatro días seguidos de exposición al alcohol aumentan la población de microglía inflamatoria, y así lo vemos en este estudio.

 

¿Quieres más? Por si no habías caído, una de las situaciones clínicas que más se parecen en síntomas a la neuroinflamación es la resaca. La explicación a esto es que, realmente, una resaca no es sino una neuroinflamación transitoria.

 

2.- Actividad física

Es un tema en el que debemos ser cuidadosos. Es cierto que el ejercicio puede desencadenar una respuesta antiinflamatoria mediante la liberación de opioides y péptidos que amortigüen la inflamación en el cerebro vascular; además, como vemos en este estudio, mejora la integridad de la barrera hematoencefálica. Así pues, el ejercicio puede ser una poderosa herramienta para reducir la neuroinflamación, ya que activa la expresión de M2.

 

Ahora bien, como sabemos, el ejercicio también puede favorecer la inflamación. El problema es que la dosis óptima de ejercicio es individual, y muy fina la línea entre pro y antiinflamatorio. Así, es probable que dos pacientes con síntomas parecidos sigan el mismo protocolo de alta intensidad y, mientras uno se sentirá genial el resto del día, el otro podría empeorar. Debes encontrar, por tanto, un equilibrio entre la intensidad y la duración para que la actividad física sea neuroprotectora.

 

También debes tener en cuenta que, algunas veces, la actividad física causa reacciones adversas en un área del cerebro afectada por la neuroinflamación que no puede manejar el aumento de la exigencia (esto no es lo mismo que neuroinflamación causada por la intensidad del ejercicio). Así, por ejemplo, la realización de ejercicios de equilibrio puede afectar al cerebelo, y la de aquellos que requieren mucho foco y concentración puede afectar a la corteza central.

 

3.- Estrés

Sí, el exceso de estrés es malo. No estamos descubriendo nada nuevo. Pero, al ser intangible y variable, en realidad es poco frecuente que lleguemos a ser capaces de asociar que eso que nos sucede se debe a un exceso de estrés. Aun así, ten presente que este exceso podría llegar a hacerte perder la capacidad de caminar, de hablar, de mantenerte en equilibrio, de practicar deportes, de conducir…  Y todo esto, como vemos en este estudio, debido a que tu cerebro está inflamado y no funciona como debería.

 

4.- Sueño

Tampoco es ninguna novedad que dormir mal nos perjudica. Tras una mala noche, ¿cómo nos sentimos? Nos cuesta trabajo concentrarnos, pensamos más lentamente, estamos menos motivados, tenemos menos fluidez verbal… A todos nos ha pasado, y lo vemos como algo natural, como una secuencia lógica: duermo mal, me encuentro mal. La cuestión es que, cuando esas malas noches se hacen crónicas, cuando el sueño no es reparador, estamos construyendo una autopista hacia la neuroinflamación. Durante la privación crónica del sueño, los mediadores inflamatorios aumentan y desencadenan la activación de células gliales y microgliales, con la consecuente neuroinflamación. Y recuerda que una neuroinflamación de bajo grado debida a la falta crónica de sueño produce ansiedad y problemas de aprendizaje y memoria.

 

5.- Alimentación

No podía ser de otra manera. Igual que nuestra alimentación puede llevarnos a un estado de inflamación de bajo grado, también hay diferentes factores nutricionales que nos conducen a la neuroinflamación.

 

  • Consumo de grasas saturadas, fritas u oxidadas en un contexto de altos niveles de carbohidratos: La temible combinación high fats-high carbs es claramente obesogénica e induce la producción de sustancias proinflamatorias desde las células adiposas. Este contexto metabólico produce neuroinflamación. (Estudio) (Estudio). Es importante remarcar esto, porque la dieta cetogénica, rica en grasas de calidad y muy pobre en carbohidratos, es quizás una de las intervenciones más realizadas como tratamiento de la neuroinflamación. Pero, además, los niveles de insulina altos implican que las grasas no puedan ser usadas como combustible por el cuerpo ni tampoco ser transformadas en cuerpos cetónicos para ‘alimentar’ a nuestras neuronas. La insulina es capaz, por sí misma, de activar las células glía.
  • Consumo de proteínas de alto potencial inflamatorio (como el trigo o los lácteos): Este maravilloso estudio, publicado en 2014 en Journal of Nutrients, enseña cómo de una muestra poblacional de 400 personas, entre un 15 y un 17% dio positivo a algún anticuerpo contra una proteína del trigo o de la leche. Aún más: de las personas que dieron positivo, el 50% tiene marcadores de inflamación cerebral. Por tanto, el contexto inflamatorio que se genera por elevado consumo de estos alimentos conlleva un potencial inflamatorio enorme
  • El exceso de frecuencias de ingesta: Cada vez que ingerimos comida, se produce un aumento de la permeabilidad intestinal. Así como una mayor traslocación de productos bacterianos al torrente sanguíneo y una respuesta inflamatoria postpandrial. No es de extrañar que existan múltiples evidencias del efecto positivo del espaciado de las comidas, o ayuno intermitente, sobre la neuroinflamación.

 

El consumo de nutrientes con capacidad de modular la neuroinflamación y/o traspasar la barrera hematoencefálica.

Entre ellos, tenemos algunos de nuestros viejos amigos, esos compañeros de viaje que siempre están para equilibrar nuestra dieta:

  • Bioflavonoides: Flavonoides como el resveratrol, la curcumina o la apigenina han demostrado su efecto como moduladores de la inflamación. Incluirlos en la alimentación -o, incluso, como suplementos-, es determinante para la prevención y tratamiento de la neuroinflamación. Hay que tener en cuenta que la clave de los bioflavonoides es la diversidad. Pues para poder traspasar la barrera hematoencefálica deben ser transformados por la microbiota intestinal. Por tanto, no a todas las personas los mismos flavonoides les harán los mismos efectos.
  • Ácidos grasos esenciales: Todo proceso de regulación de la inflamación requiere de la materia prima necesaria para producir las sustancias antinflamatorias. La principal materia prima principal para esta función son los ácidos grasos omega 3 EPA y DHA, como vemos en este estudio.
  • Ácidos grasos de cadena corta: La metabolización de la fibra por parte de la microbiota produce este tipo de ácidos grasos con un elevado potencial regulador de la neuroinflamación. Así lo ves en este estudio.
  • Magnesio: El magnesio ha demostrado también ciertos efectos neuroprotectores y se suele incluir en los diferentes protocolos de tratamiento, refleja este estudio.

 

Conclusiones sobre la neuroinflmaación

  •  La inflamación del cerebro es más normal de lo que pensamos. Se conoce como neuroinflamación y se manifiesta con síntomas concretos -falta de concentración, lentitud mental, letargo…- que afectan a la función cerebral.
  • Estos síntomas son tan comunes e inespecíficos que los terapeutas han terminado por normalizar los signos clínicos. Como consecuencia, no los tratan como una Red Flag.
  • En la neuroinflamación están implicadas las células gliales del SNC. El tratamiento para corregir esta disfunción tan extendida pasa por:
    • Evitar el alcohol.
    • Recuperar la flexibilidad metabólica con herramientas como la dieta cetogénica y el ayuno intermitente.
    • Respetar las horas del sueño.
    • Modular el estrés.
    • Incluir en la dieta nutrientes claves para el buen funcionamiento cerebral y la modulación de las células gliales.
    • Incluir la actividad física en las rutinas diarias.

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