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El circuito de la recompensa. Recupéralo y ¡se feliz!. Parte I

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Hay dos leyes que gobiernan a la especie humana por encima de todas: la supervivencia del individuo y la supervivencia de la especie. Para garantizar que en todo momento estamos dispuestos a procurar ambas supervivencias, nuestro cerebro está dotado con un circuito de recompensa.

Éste es un circuito neurológico que está presente en nuestro cerebro, el cual mediante la producción de hormonas, como las endorfinas (hormona de placer), se va a encargar de ofrecernos recompensas ante aquellas conductas encaminadas a seguir vivos y perpetuarnos. Lógicamente, nuestro cuerpo se asegura que tanto el acto de comer como el de beber se conviertan en un acto que nos genera placer, para asegurarnos la supervivencia del individuo.

                                            

El movernos también nos va a ofrecer esa recompensa ya que su sentido evolutivo es justamente buscar esas fuentes de energía, luchar o escapar del peligro. Todos aquellos que hayan practicado ejercicio alguna vez reconocerán esa sensación de placer que se obtiene durante o después de haber llevado a cabo un esfuerzo físico. Es un alivio.

Por supuesto, luego está la recompensa básica para la supervivencia de la especie, que nos viene muy bien a todos: el sexo. Para garantizar la reproducción, el cerebro te regala el orgasmo, y te genera endorfinas como una fábrica china para que te guste tanto practicarlo que te dé igual el momento del ciclo menstrual y todo lo demás. Para que lo intentes, por si cuela y, de ahí, aumenta la población. En esta cuarta recompensa también estaría todo aquello que tiene que ver con el contacto físico, como el que se establece entre una madre y su bebé (por cierto, clave para el desarrollo del bebé), así como todo lo que tiene que ver con abrazos y contacto piel contra piel entre dos personas.

Estas cuatro recompensas naturales (comer, beber, movimiento y contacto físico) son las responsables de generarnos, mediante las endorfinas, una óptima sensación de bienestar. Ahora bien, que esto funcione dependerá de nuestra forma de comer, de beber, de movernos y de cómo concibamos el sexo.

Comer, comer: la nutrición es algo que como todos sabemos es capaz de ofrecernos una recompensa maravillosa, pero ello va a depender en gran medida de los nutrientes y de las veces que comamos al día. ¿No habéis tenido nunca esa sensación de sentaros a comer sin hambre? Lo que se denomina comer por comer. Pues esto implica que tu circuito no ofrezca ningún tipo de recompensa al respecto. O al revés, sentir la necesidad imperiosa de comer algo porque parece que si no lo haces, te vas a morir. Y además suele ser algo dulce, algo para calmar la ansiedad.

Ya podemos anticipar que el azúcar también es una recompensa, claro, pero una recompensa NO natural; y las recompensas NO naturales lo que generan es que te enganches a ellas, es decir, que son adictivas porque te dan un subidón increíble, y eso a todo el mundo le gusta, pero después de la subida viene la bajada. Y las recompensas NO naturales se caracterizan por eso, porque o bien te hacen estar arriba, o bien te hacen estar abajo pero no te dan un equilibrio energético ni emocional, como lo hacen las naturales. Por tanto, uno de los objetivos de las próximas newsletter será enseñar como poder recuperar la recompensa natural a través de la conducta de comer.

Beber, beber: Ingerir líquido se convierte en nuestra segunda recompensa. Pero de nuevo no se trata de cualquier líquido. Haz la prueba: si te fueras tres días a caminar en el desierto y después te ofrecieran agua y un refresco de cola, ¿qué escogerías? Pues eso: beberías agua y con sed. Esto nos generaría una recompensa natural. Pero resulta que muy habitualmente nos ha desaparecido esa sensación de sed y además la mayor parte del líquido que ingerimos a lo largo del día es en forma de café, refrescos, leche, zumos artificiales…

¿Moverse? Cada vez que comemos nuestro cuerpo se percata de que es hora de recargar energía (la insulina, por ejemplo, es una de las hormonas que da esta señal). En ese momento, nuestro organismo esta gobernado por el sistema nervioso parasimpático, que es aquel que se encarga de hacer la digestión y de modular nuestro sueño. ¿Verdad que, después de una buena comida, lo que apetece es una siesta? Una vez has comido, el movimiento pierde sentido fisiológico. Es que no puedes. Por eso la recompensa natural del acto de moverse se obtiene con la barriga vacía.

El sexo y el contacto físico con los seres queridos. El abrazo y la actividad sexual son la cuarta recompensa vital. El gran problema es que a la libido la hemos matado por la mala alimentación, por el sobrepeso que nos acompleja, por la inactividad que cada vez nos resta más agilidad, por el miedo al rechazo y a no gustar y a no cumplir… Así que la recompensa de un buen orgasmo con abrazos y besos desaparece o se espacia tanto que perdemos la costumbre.

Si no comemos lo que toca, si no bebemos agua con sed, si no tenemos ganas de movernos y además no tenemos libido, tu circuito de la recompensa deja de funcionar favorablemente y eso implicará la búsqueda de recompensas NO naturales. Estas ofrecen un pico de endorfinas mayor pero, por desgracia, se adaptan rápidamente y necesitas cada vez más para obtener la misma sensación de placer. Esto se manifestará en una dependencia de recompensas como el azúcar, el alcohol, las drogas, las compras compulsivas, los juegos, el cibersexo sin mediar contacto u otras adicciones varias para llenar nuestras carencias.

En busca de recompensas artificiales

Si no tienes cubierta ninguna de las cuatro recompensas que tu cuerpo necesita, el equilibrio mental se volatiliza.

La recompensa no natural es, en realidad, una tortura. Cuando eres consciente de cómo te sientan y te engordan determinados productos artificiales, te sientes mal antes de comerlos, porque sabes que no debes; mientras te los estás comiendo, porque no te has conseguido resistir y no puedes parar; y, para colmo, después porque te sientes infladísimo y culpable por tus debilidades… Igual que el que fuma o toma drogas, que quiere dejarlo pero recibe semejante pico de serotonina, endorfinas, dopamina, etc. que se engancha cada vez más.

Cuantas más recompensas naturales seamos capaces de recuperar, menos recompensas artificiales te pedirá el organismo y menos padecerás por caer en la tentación.

Si estás buscando la felicidad, nos emociona compartir contigo la certeza de que ese estado deviene con este estilo de vida que te estamos proponiendo. Es más, te vamos a dar las herramientas para conseguirlo. Tú sencillamente confía en que, aunque tengas escasa energía ahora, poco a poco vas a ir acaparando más fuerzas y más recompensas naturales, los cambios van a ser rápidos y serán la base para todo lo demás. Este es sólo el comienzo de una vida mejor. La tuya.

La recuperación de las recompensas naturales muy pronto.

 

Carlos Pérez Ramírez

Máster en Psiconeuroinmunología

Profesor Formación Psiconeuroinmunología Clínica Regenera

Autor del Libro: Paleovida

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One Comment

  1. Juan Febrer 7, 2017 at 9:06 pm - Reply

    Increíble artículo. Me ha encantado como enfocas las 4 recompensas de la vida.

    A partir de ahora las veré como recompensa jajaja.

    Gracias y sigue así ????

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