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Dolor menstrual: tratamiento desde la Psiconeuroinmunología Clínica

dolor menstrual

 

Este mes abordamos el tratamiento del dolor menstrual desde la Psiconeuroinmunología Clínica. Y es que, hay mentiras que, a base de ser repetidas, terminan por parecer verdad.

 

El dolor menstrual afecta a un gran porcentaje de mujeres mes tras mes

Hay mentiras que, a base de ser repetidas, terminan por parecer verdad. Esto, que ya de por sí es preocupante, resulta más lamentable todavía cuando se trata de mentiras que pueden suponer una merma en nuestra calidad de vida y en nuestra salud. Un buen ejemplo es el de la dismenorrea o dolor menstrual. Entre un 50 y un 85% de las mujeres lo sufren mes tras mes. Esta frecuencia es la que habitualmente se utiliza como argumento para catalogar este dolor de ‘normal’.

 

Y ambas cosas son mentiras.

 

No, el dolor menstrual no es “normal”

Es mentira que sea ‘normal’, y es mentira que no pase nada. Porque una mujer con reglas dolorosas se sitúa durante varios días al mes en una situación clara de desventaja (frente a un examen, una prueba deportiva, una cita o una entrevista de trabajo, por ejemplo). Pero no es solo una cuestión de bienestar. También de salud: las inflamaciones recurrentes, mes tras mes y año tras año, puede terminar provocando una fibrosis crónica del tejido endometrial. Y esas fibrosis ocasionan más dolor todavía, entrando así en un círculo vicioso de dolor, daño e inflamación.

 

Salir de ese círculo no es tan complicado. Sin embargo, hace falta borrar los mensajes aprendidos para entender cómo es el proceso fisiológico de la menstruación. También debemos saber qué factores pueden estar alterados y, en consecuencia, provocando ese dolor. Solo si comprendemos esto, podremos dar los pasos adecuados para resolver el problema adecuadamente.

 

 

Una lección de biología

La dismenorrea primaria se define médicamente por el dolor menstrual sin presencial de patología orgánica uterina. Por eso, tanto los médicos de atención primaria como los ginecólogos recurren a ese desesperante ‘no pasa nada’. En cambio, basta con estudiar en profundidad la profundidad y la biología de los mecanismos de acción de la menstruación. Descubriremos que el principal factor que provoca el dolor es una alteración en los procesos de resolución de la inflamación, en los llamados ‘resoleomics’, según término acuñado en 1996 por Charles Serhan, profesor en la Facultad de Medicina de Harvard.

 

En realidad, todo tiene que ver con la inflamación. Hasta hace unos años, se pensaba que una inflamación se resolvía por fatiga. De alguna manera, se iban produciendo una serie de sustancias inflamatorias hasta que, llegado un momento y por agotamiento, dejaban de producirse. Las investigaciones de Serhan nos hicieron conocer la existencia de unos mecanismos activos implicados en la resolución de la inflamación. Se trata de las prostaglandinas, las lipoxinas, las protectinas y las resolvinas.

 

Así, en un cuerpo fisiológicamente sano, un proceso inflamatorio debería seguir los siguientes pasos:

 

  • Una subida de prostaglandinas, que debe ser rápida, de alta intensidad y alta eficacia.
  • Este pico rápido de prostaglandinas activa los genes para enzimas que dan lugar las lipoxinas, unas sustancias que frenan la inflamación.
  • Una vez frenada, hacen su aparición las resolvinas, que, como su nombre indica, resuelven la inflamación y eliminan los restos de la batalla.

 

Así es el proceso, como decíamos, en un cuerpo fisiológicamente sano. Pero hay diferentes modos en que este proceso se puede alterar y dar como resultado dolor, inflamación sostenida y, finalmente, fibrosis (acompañada de más dolor aún).

 

1. Intervención con fármacos

Tomar analgésicos y antiinflamatorios ha sido el recurso habitual de las mujeres que sufren dolor menstrual. Lo que no saben es que intervenir mes tras mes con medicamentos provoca que se interrumpa el proceso de resolución de la inflamación.

 

En primer lugar, el antiinflamatorio intenta controlar el dolor conteniendo el pico de prostaglandinas. Así evita que haya una subida rápida, intensa y eficaz. En su lugar, tenemos una curva, una ola más lenta incapaz de producir las lipoxinas necesarias para frenar la inflamación e inducir la aparición posterior de las resolvinas.

 

No basta con frenar la inflamación

Pero esta curva inflamatoria, menos alta y más sostenida en el tiempo, no resolverá la inflamación. Además, puede terminar provocando una fibrosis. Porque no basta con que se frene la inflamación: también hay que limpiar la zona, eliminar las secuelas que ha dejado todo el proceso. Para explicarlo, nos serviremos de la analogía de un accidente de tráfico. Nada más producirse, acuden al lugar bomberos, policías y ambulancias (nuestro sistema inmune). Ellos cercan la zona e interrumpen el tráfico para evitar males mayores. Asimismo, auxilian a los heridos, los trasladan y ponen sus vidas a salvo. Pero también se ocupan de limpiar todos los restos, toda la basura que ha quedado desperdigada por la zona. Lo hacen así porque si no, la circulación seguiría interrumpida.

 

Dolor menstrual

 

De igual manera, una vez que las lipoxinas han frenado la inflamación, las resolvinas deben limpiar las huellas de la batalla. Hay que eliminar las células inmunológicas que han intervenido en el proceso de reparación, así como los desechos inflamatorios (proteínas proinflamatorias, como las citoquinas). También otras células del sistema inmunes que han quedado ‘tocadas’, apoptóticas, a punto de morir. En términos científicos, a este trabajo que llevan a cabo las resolvinas se le denomina aclarado de polimorfonucleares. En términos de andar por casa, decimos que hemos limpiado la zona. Esta limpieza es imprescindible porque, si en el lugar continúan esos desechos, el sistema inmune interpreta que sigue habiendo una actividad anómala. Por tanto, piensa que debe seguir actuando. Y esta actividad silente daría lugar, en el tiempo, a una fibrosis.

 

2. Desequilibrio de los ácidos grasos poliinsaturados que se encuentran en las membranas celulares de los leucocitos

Otro mecanismo que puede alterar el proceso natural de resolución de la inflamación (y, por tanto, dar lugar a menstruaciones dolorosas) es que haya un desequilibrio a nivel de ácidos grasos. Debe haber un balance entre determinados ácidos grasos poliinsaturados. Así, el ácido araquidónico es un tipo de Omega 6 necesario para producir prostaglandinas y lipoxinas. Por su parte, los EPA y DHA son de tipo Omega 3 y generan la producción de protectinas y resolvinas. Si no tenemos suficiente ácido araquidónico, no tendremos la necesaria subida de prostaglandinas. En su lugar, produciremos leucotrienos (que inducirán una quimiotaxis, una exagerada llamada a las células inmunológicas). Si, en cambio, carecemos de suficientes EPA y DHA, no lograremos la bajada, ese freno y resolución de la inflamación.

 

Detrás de estas carencias, a menudo, encontramos una dieta inadecuada

A menudo, detrás de estas carencias encontramos una dieta inadecuada. Podemos obtener EPA y DHA del pescado salvaje y de la carne de animales que han comido hierba y se han movido. El ácido araquidónico lo hallamos en huevos ecológicos y en la carne de animales que han pastado y no han estado estabulados. Pero, cuando nuestra alimentación se basa en carne o pescado de mala calidad, cuando tomamos demasiados cereales con un exceso de ácido linoleico, es frecuente que se produzca una cascada inflamatoria diferente del proceso fisiológico natural. Ya no va a ser corto, intenso y eficaz, y la inflamación no se resolverá adecuadamente.

 

3. Estado de inflamación de bajo grado preexistente

La menstruación supone, efectivamente, una inflamación. Es un proceso natural que no tiene por qué provocar cuadros de dolor. Pero, para ello, es importante saber cuál es el punto de partida y evitar que esa inflamación mensual no sea la gota que desborda el vaso.

 

En principio, a lo largo del mes no debería haber inflamación. El problema surge cuando hay alteraciones en la microbiota, o hiperpermeabilidad intestinal, o consumo de tóxicos como alcohol o tabaco. También cuando hay una dieta rica en productos refinados. Este tipo de situaciones provoca una inflamación silente, de bajo grado, que va llenando el vaso. De forma que cuando aparece la menstruación se desborda el proceso inflamatorio. El problema no es la regla, sino la inflamación de base preexistente: la suma de ambas impide una resolución adecuada.

 

La lógica es aplastante: por un lado, ya sabemos que en torno a la barrera intestinal encontramos el 80% de las células del sistema inmune innato. Si hay una gran actividad a este nivel, tendremos el problema de un sistema inmune que no deja de poner parches. Está demasiado ocupado tratando de paliar las consecuencias de malos hábitos dietéticos, de las alteraciones de la microbiota… Si a eso le sumamos que no haya un porcentaje adecuado de ácidos grasos poliinsaturados en la membrana celular, y que además se consuman fármacos, parece inevitable que el proceso inflamatorio continúe y continúe.

 

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Dolor referido visceral

 

4. Intolerancias alimentarias entre moderadas y severas

Cuando una mujer tiene una intolerancia entre moderada y severa a alguna sustancia (gluten, lactosa) y sigue en contacto periódico con estas moléculas, se produce una hiperactividad del sistema inmune permanente. Ya no hablamos de una inflamación silente, sino de una inflamación de grado medio. Esta inflamación va a dar síntomas en otros momentos del ciclo menstrual. Tiene todo el sentido: hay un factor altamente irritante sobre el que hay que intervenir para poder normalizar ese sistema inmune que está desenfrenado.

 

  • ¿Cómo debería ser una menstruación saludable? Cuatro o cinco días de sangrado, de un color rojo intenso, sin coágulos y sin dolor.

 

Sí, hay solución para el dolor menstrual

Confío en que, a estas alturas, ya te habrá quedado claro que no es cierto que el dolor menstrual sea normal. Tampoco que no pase nada por sufrirla mes tras mes. Ahora se trata de buscar soluciones, que, desde luego, no pasarán por la medicación. De entrada, ya hemos visto que el consumo de antiinflamatorios no hace sino cronificar la inflamación y, en consecuencia, el dolor. El otro ‘gran remedio’ que se suele proponer a las mujeres: el uso de píldoras anticonceptivas. Esta intervención no es sino matar moscas a cañonazos. El ratio riesgo beneficio de esta medida está absolutamente desequilibrado.

 

Nuestra experiencia en consulta nos ha demostrado que la PNI tiene unas aplastantes tasas de éxito en el tratamiento del dolor menstrual o dismenorrea

 

  • En la dieta, se trata de eliminar sustancias que puedan provocar desajustes en la microbiota. También de identificar y suprimir aquellas que puedan producir intolerancias, especialmente si son moderadas o severas.
  • Se potencia la presencia de nutrientes como el ácido araquidónico. También los ácidos EPA y DHA (se puede hacer solo con la dieta, siempre que la persona sea exhaustiva y rigurosa). Se pueden emplear suplementos.
  • El uso de aceite de onagra es interesante, ya que tiene un ácido graso tipo Omega 6, el GLA o ácido gamma-linolénico. Ahora bien, hay que tener cuidado con el de baja calidad, ya que suele tener un porcentaje bajo en GLA y alto en ácido linoleico, lo que es contraproducente.

 

Las intervenciones con Psiconeuroinmunología para mejorar la microbiota, la permeabilidad intestinal, las intolerancias, la degradación de las hormonas y los porcentajes de ácidos grasos poliinsaturados a nivel de membrana, nos permiten mejorar los síntomas menstruales en una media de un 80% de los casos. Gracias a estas intervenciones se puede recuperar la auténtica normalidad de un proceso fisiológico tan natural como la menstruación.

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