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¿Qué es la psiconeuroinmunología?

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Descubre por qué la psiconeroinmunología es clave en consulta

La palabra psiconeuroinmunología puede ser conocida para ti si formas parte de la comunidad médico-sanitaria y, además, eres una persona inquieta intelectualmente. Si eres de los que no han oído hablar jamás de esta palabra, es probable que intentes pronunciar psiconeuroinmunología en voz alta y te resulte difícil decirla a la primera.

 

Tras algo más de una década dedicándome profesionalmente a la forma de entender la salud que propone la psiconeuroinmunología clínica, me he encontrado con infinidad de situaciones curiosas. Una de las más frecuentes se produce al asistir a congresos como ponente, y cuando llega el momento de presentarme, el moderador del acto se encalla al intentar decir la palabra psiconeuroinmunología. Otra habitual es que llegue un paciente a mi consulta y, después de decirme que ha venido a visitarme porque se lo han recomendado, me confiese que no sabe muy bien qué vamos a hacer, que desconoce qué es la psiconeuroinmunología.

 

¿En qué se diferencia la Psiconeuroinmunología clínica del abordaje clásico de salud? Para explicarlo, utilizaré la historia de una paciente vista desde dos enfoques sanitarios diferentes.

 

Primera posibilidad: la más habitual en nuestra sociedad occidental

Son las 11:30 de la mañana de un jueves cualquiera en la consulta de Javier, un médico de cabecera en Barcelona. María acude con el objetivo de mejorar un problema de dolor en la zona cervical que le baja hacia los brazos y hasta mitad de espalda. Es la paciente número 32 y, sin ser una mañana especialmente exigente, todavía le quedan 15 visitas más. Javier lleva viendo pacientes desde las 8:00.

 

Tal como está montado el sistema sanitario en España actualmente, Javier puede dedicar como máximo entre 5 y 10 minutos a cada paciente.

 

Javier, vive su profesión con pasión y con ganas de ayudar a sus pacientes, pero está cansado de hablar con sus amigos y familia de las dificultades con las que se encuentra para poder llevar a cabo su trabajo como a él le gustaría: con tiempo para cada uno de sus pacientes, con un número razonable de visitas al día, sin tener que estar más tiempo escribiendo en el ordenador que prestando atención a lo verdaderamente importante, que es la persona.

 

En este contexto, lo único que puede hacer Javier es empezar a disparar preguntas como una metralleta sobre la presencia de síntomas o no. En primer lugar, Javier quiere descartar una patología grave para, a continuación, poder diagnosticar el problema de María. Resulta que la paciente no presenta ningún síntoma de los llamados “bandera roja”, es decir, no presenta ninguna patología orgánica importante.

 

Los mejores profesionales de la salud conocen este enfoque terapéutico

 

Sin embargo, sí que presenta los siguientes síntomas: dolor cervical y lumbar intenso, dolor habitual en otras articulaciones y músculos de su cuerpo, problemas con su aparato digestivo (alterna estreñimiento con diarreas, hinchazón abdominal y, dolor), cefaleas, insomnio, ánimo bajo y cansancio severo. Sin pensárselo demasiado, Javier emite su diagnóstico: posible Fibromialgia o Síndrome de Fatiga Crónica. En la cabeza de María se agolpan mensajes negativos:

 

“¡Es aquella enfermedad que no se cura!”
“¡Es lo mismo que tiene mi vecina que está tan mal!”
“¡En un programa de televisión dijeron que esto no tiene curación!”

De camino a casa, María busca en Google y descubre, horrorizada, que efectivamente se define como una enfermedad de origen desconocido y que no se cura, o sea, para toda la vida.

 

¿Cómo crees que se sentirá María después de este diagnóstico?

 

Segunda posibilidad: bastante menos frecuente

María acude a las 18 horas a una consulta privada en Barcelona. Expone su caso al médico que la atiende, se llama Andrés.
Andrés es el propietario de su propia consulta privada y eso le permite disponer de 1 hora para cada paciente. Andrés empieza a hacerle preguntas sobre sus síntomas: ¿Cómo es el dolor? ¿Cuándo aparece? ¿Qué lo aumenta? ¿Qué lo disminuye? ¿Desde cuándo lo tiene?

 

Poco a poco, Andrés va haciendo casi suyo el dolor de María o, por lo menos, se convierte en un experto en sus síntomas. Ello le lleva, como mínimo, 20 minutos.

 

A continuación le pide a la paciente que haga un esfuerzo para situar temporalmente lo que le está ocurriendo, para retroceder en el pasado hasta llegar a un momento en su vida en que no tenía esos síntomas. Primero dice que no lo sabe, que le cuesta recordar. Al cabo de unos segundos, consigue ir acotando el inicio. “El verano pasado fuimos de vacaciones a Londres y ya lo tenía. El otro… El otro también, recuerdo que casi no pude bañarme. Pero el otoño anterior sí que estaba bien”, recuerda de repente. “¿Pasó algo?”, le pregunta Andrés. “¿Algún cambio importante en su vida: Nutricional, de vivienda, emocional?”.

 

De repente, a María le cambia la cara. “Pues sí… mi marido tuvo un infarto cerebral y se quedó hemipléjico”, dice. ¿Qué significó eso para ti y para vuestra familia?, inquiere Andrés. “Mi hija tenía doce años y mi hijo siete. Mi marido trabajaba ocho horas y yo media jornada, nos lo podíamos combinar. Le dieron una baja por minusvalía, pero es muy pequeña y yo tuve que empezar a trabajar más horas. Tras la jornada de ocho horas diarias, cuando llego a casa tengo que ocuparme de todo; de los niños, la ropa, la comida, ayudar a mi marido a ducharse…”.

 

“¿Cómo han evolucionado los síntomas?” le pregunta Andrés. “Al principio estaba muy nerviosa y además, llegaba al final del día cansadísima y no podía ni dormir. Empecé a tener insomnio. El médico de cabecera me recetó ansiolíticos para poder dormir; inicialmente me fueron bien, pero al cabo de poco me levantaba más cansada por la mañana y después me dejaron de funcionar incluso para dormir. Ahora que lo pienso, se me empezó a hinchar la barriga y, desde entonces, tengo problemas de diarrea y estreñimiento”.

 

Andrés la mira fijamente a los ojos y le pregunta: “¿Crees que tu dolor tiene algo que ver con este proceso?”. María no puede evitar una mueca de hastío. “¿Usted qué cree, doctor?”, le responde. “¿Cómo anda de ánimo?”, se interesa él. “Muy mal. Me levanto porque tengo que hacerlo, pero me quedaría en la cama y no me movería. A veces me entran ganas de no despertarme más”, revela María. Además, añade que los analgésicos que se toma para el dolor de cabeza no le hacen ningún efecto.

 

Sin una visión transversal de la salud y la enfermedad, es imposible realizar las preguntas oportunas a los pacientes para llegar al fondo de las cuestiones que verdaderamente les pasan

 

Es posible que Andrés no pueda ayudar a María en ese momento, pero lo que es seguro es que no le va a dar un diagnóstico que la descentre de su verdadero problema. No va a poner un nombre técnico de algo que nada tiene que ver lo que le pasa a ella. De entrada, la va a hacer propietaria de su proceso, no le va a dar una etiqueta (Fibromialgia o Síndrome de Fatiga Crónica) que la desanime y le dé a entender que lo suyo es incurable.

 

“Usted tiene una sobrecarga sociofamiliar tremenda”, le dice. A lo mejor no la puede ayudar a corto plazo, pero como mínimo no va cronificar su enfermedad. Tal vez María podrá recibir algún tipo de ayuda de los servicios sociales, hallar la manera de gestionar su día a día sin tanta sobrecarga, pero incluso en el caso contrario sabrá que algún día las cosas cambiarán, que sus hijos crecerán y las cargas disminuirán y probablemente empezará a sentirse mejor. Va a tener que apretar los dientes, pero su cerebro no llevará una etiqueta que diga: “Nunca más te vas a curar”.

 

La resolución del dolor y de la inflamación depende de que el cerebro esté de acuerdo y, tarde o temprano, las palabras de Andrés contribuirán a la recuperación de María.

 

 

Postgrado en Psiconeuronmunología Clínica

 

 

El enfoque marca la diferencia

La diferencia entre las dos filosofías –la que prima el diagnóstico rápido y la que busca la verdadera causa de la enfermedad– es evidente y nos ayuda a entender las ventajas que ofrece la psiconeuroinmunología clínica.

 

El enfoque clásico de salud da lugar a ver las patologías de un modo mecanicista y segmentado, abordando sólo los síntomas. Dicho de otro modo: “poniendo parches” sin llegar a entender a los pacientes realmente. Con la Psiconeuroinmunología Clínica, se alcanza un nivel de conocimiento que permite entender los síntomas de las personas, para poder explicar qué les está pasando y, de este modo, que participen de forma activa en su proceso de curación.

 

Es necesario entender la salud y la enfermedad como un modelo vivo y continuo, donde las etiquetas cronifican a los pacientes, y donde el conocimiento profundo de la fisiología, abre la puerta a un abanico de herramientas, que van a incrementar el éxito en los tratamientos de las personas.

 

Los mejores profesionales de la salud conocen este enfoque terapéutico, entienden a los pacientes como personas y no como enfermos y saben tratar las causas de sus enfermedades en lugar de abordar simplemente sus consecuencias.

Puede que seas especialista en biología, en medicina, en fisioterapia, en psicología, en farmacia, en lo que sea, pero hagas lo que hagas, descubrirás que, sin una visión transversal de la salud y la enfermedad, es imposible realizar las preguntas oportunas a los pacientes para llegar al fondo de las cuestiones que verdaderamente les pasan. Cada profesional debe tener una especialidad, pero debería conocer ciertos puntos de otras especialidades para poder ayudar al paciente. Una visión pluridisciplinar que ofrece la psiconeuroinmunología.

De este modo…

  • Un cardiólogo debería tener conocimientos de psicología par entender cómo un proceso de ansiedad puede afectar a la función normal del corazón.
  • Un psicólogo debe dominar qué tipo de ejercicio físico puede reducir el estado de depresión o mejorar la irritabilidad de sus pacientes.
  • Un preparador físico debe conocer cómo la alimentación adecuada y la regulación de los biorritmos, es como mínimo el 50% del entrenamiento.
  • Un dietista es imprescindible que conozca que el 80% de las células del sistema inmunológico se encuentran en el sistema digestivo y, por tanto, debería saber de inmunología.
  • Un fisioterapeuta debería saber que la inflamación y recuperación de lesiones depende directamente de la alimentación del paciente y, así, sucesivamente.

 

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David Vargas Barrientos

Graduado en Fisioterapia

Máster en Psiconeuroinmunología

Máster en Biología Molecular y Biomedicina

Técnico Superior en Dietética y Nutrición (En curso)

Profesor y codirector del Postgrado Universitario en Psiconeuroinmunología Clínica de Regenera.

 

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