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La placenta y el huevo: un cuento fascinante

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La placenta y el huevo; un cuento fascinante

No hace mucho tiempo la placenta era entendida como el “paradigma del aburrimiento científico”. ¿Se lo pueden creer? Para nosotros y para la ciencia más reciente, la placenta es el órgano clave para la programación de la futura salud.

¿Alguna vez se han preguntado cómo llegan los nutrientes al feto? ¿Cómo se forma el entramado de transportadores de nutrientes específicos? En definitiva, ¿qué partes componen la placenta? Nosotros nos lo preguntamos y puesto, que vamos a hablar de nombres que quizás les suenen poco familiares, les vamos a explicar las diferentes partes de las que se compone un huevo. Sí, un huevo. Ya verán cómo nos lo agradecen.

 

Cuando se produce la fecundación, se producen una serie de divisiones celulares creando una estructura llamada blastocisto

 

Si analizamos el huevo con un poco de detenimiento, veremos que está compuesto por su cáscara, con su parte externa e interna; la clara, también con sus respectivas partes externa e interna, y la yema.

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Bien, analicemos la placenta con ayuda de nuestro huevo. Cuando se produce la fecundación, se originan una serie de divisiones celulares creando una estructura llamada blastocisto. Este se divide en un compartimento interno, el embrioblasto; y una capa externa, el trofoblasto. El embrioblasto, la yema de nuestro huevo, desencadenará la formación del embrión, que tras unas semanas de gestación dará lugar al feto. Por su parte, el trofoblasto completará su desarrollo hasta convertirse en la placenta. Aquí podremos diferenciar dos partes:  la externa, en contacto con la madre, y denominada sincitiotrofoblasto; y la interna, encarada hacia el embrioblasto, es decir, con el embrión, y llamada citotrofoblasto. ¡Uf! Esto lía un poco, ¡cuanto –blasto! Tranquilos, el huevo nos ayudará. Todo esto significa que la placenta (formada a partir del trofoblasto), es como la clara que recubre la yema del huevo (embrioblasto), y que al igual que este, y como todos sabemos, se diferencia claramente en dos partes: la clara que se mantiene en contacto con la yema, técnicamente el citotrofoblasto, y la cáscara que protege el huevo y se mantiene en contacto con mamá, el sincitiotrofoblasto para los más avispados.

De aburrimiento científico a fisiología apasionante. La placenta fue definida por el Dr. Thomas Jansson, del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Cincinnati, como un sensor de las condiciones nutricionales, endocrinas, metabólicas y vasculares entre la madre y las necesidades del feto. Así pues, la placenta es un centro regulador y el órgano clave para la programación del futuro bebé. Casi nada.

 

¿Cómo regula el transporte de nutrientes?

Antes de entrar en detalle, imagínate que nuestro huevo se pega (se implanta) en las paredes del útero de mamá y que, una vez allí, para poder adherirse con fuerza y poder captar todos los nutrientes que necesita, se transforma en una especie de cactus, sí nuestro huevo ha mutado, ahora es un huevo-cactus que tiene las mismas características que tenía, pero que además ahora desde la clara (el citotrofoblasto) emanan unos pinchos que se clavan en el útero de mamá. Estos pinchos, además de estar formados por la clara y la cáscara, tienen la capacidad de formar vasos sanguíneos a través de los cuales el oxígeno y los nutrientes de mamá pueden llegar al interior del huevo. Y bien, ahora que ya sabemos que existen los huevo-cactus, cuando les hablemos de las vellosidades coriónicas no pongan caras extrañas y acuérdense de los pinchos del huevo-cactus.

 

La capa externa e interna que conforman la placenta permitirán la comunicación con mamá.

 

Hemos visto cómo la capa externa e interna que conforman la placenta (la cáscara y la clara de nuestro huevo) permitirán la comunicación con mamá. Ambas capas se encargarán de captar los nutrientes y transportarlos hasta el feto. Para ello, darán lugar a las vellosidades coriónicas (los pinchos de nuestro huevo). Las doctoras Susanne Lager y Theresa Powell del Centro para el Embarazo y la Investigación del Recién Nacido del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Texas, mostraron como el crecimiento fetal depende de la disponibilidad de nutrientes que, a su vez, está relacionado con la capacidad de la placenta para transportar los nutrientes. Dicho de otro modo, para que haya un buen transporte hacia el feto mamá deberá ingerir todos los nutrientes necesarios, a la vez que la placenta deberá tener la capacidad de transportarlos hasta el feto. Para lo cual, se hace indispensable contar con un buen “equipo” de transportadores. Y ahí está el truco para que todo salga bien, los transportadores y el ambiente de mamá (alimentación, descanso, estado emocional…) deben ser óptimos para que el futuro bebé obtenga todo lo que necesita para iniciar con buen pie su programación.

 

Para entender cómo se lleva a cabo la labor de estos transportadores, debemos describir dónde están estratégicamente ubicados. Veamos.

La parte más externa de la vellosidad coriónica, el sincitiotrofoblasto, está a su vez formada por dos capas:

  • La membrana plasmática de las microvellosidades de la cara materna (Maternal-facing Microvillous plasma Membrane; MVM).
  • La membrana plasmática basal de la cara fetal (Basal plasma Membrane; BM).

Es en estas dos capas donde se van a situar los diferentes transportadores que permitirán que los nutrientes acaben llegando al capilar sanguíneo, para finalmente y a través de las venas umbilicales llegar al feto.

 

¡Tranquilo! No te asustes. El huevo-cactus es la clave. Recuerda que para conectarse con mamá el huevo tuvo que evolucionar a huevo-cactus formando unos pinchos (las vellosidades coriónicas). Solo estamos añadiendo que la parte externa del pincho (sincititrofoblasto) está compuesta por la cara externa que se corresponde con la membrana plasmática de las microvellosidades, aunque los amigos la llamamos MVM, que además de molar más, son sus siglas anglosajonas. Y por una cara interna que tiene como nombre técnico: membrana plasmática basal de la cara fetal, aunque lo llamaremos BM, para resumir y respetar sus iniciales anglosajona. Así pues, tenemos un huevo, cuya cáscara desarrolló pinchos como un cactus formados por sincitiotrofoblasto, citotrofoblasto y vasos sanguíneos. ¡Alucinante!

 

Resulta fascinante la regulación de entrada de estos nutrientes por parte de las dos capas del sincitiotrofoblasto (la cáscara). Por ejemplo, habrá muchos más receptores de glucosa en la cara externa (la materna) que en la interna (la fetal) para así poder controlar la entrada de glucosa hacia el feto. Una alteración en dicho transporte de glucosa entre las dos membranas puede desencadenar en una diabetes gestacional. Que por cierto, es un trastorno que, aunque aceptado casi como normal debido al preocupante y exponencial crecimiento de casos en las sociedades occidentalizadas, ni lo es ni debemos resignarnos a que lo sea.

 

¡Nos vemos en una segunda parte!

 

Xavi Cañellas y Jesús Sanchis

 

Autores del libro: Niños sanos, adultos sanos

One Comment

  1. Víctor Mena Marzo 22, 2018 at 2:39 pm - Reply

    Fantastico trabajo!

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