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Fertilidad funcional: no te conformes con el ‘no tienes nada’

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Fertilidad Funcional

 

Tengo ante mí a una pareja. Quieren ser padres, llevan ya tiempo intentándolo, pero, mes tras mes, sobreviene la decepción. Ella ha ido al ginecólogo; la ha explorado y le ha dicho ‘no tienes nada, todo está bien’. Y ella me pregunta: ‘David, si no tengo nada, si todo está bien, ¿por qué no me quedo embarazada?’. Es una larga historia, le respondo. Una historia de medias verdades, de atajos, de intereses… y de desinterés.

 

“No te pasa nada”

A esta pareja, como a tantas otras, sus médicos les dicen que no tienen ningún problema que justifique sus problemas de fertilidad. En realidad, sería más honesto que reconocieran que ellos no han visto, no han sabido encontrar esos problemas. Porque nosotros, en consulta, claro que somos capaces de identificar esas disfunciones.

 

Uno de los problemas más habituales que encontramos es el de que los ovocitos no alcanzan una maduración suficiente para que, en contacto con el espermatozoide, permita la fecundación. Y esta maduración insuficiente puede deberse a distintos factores que, en la gran mayoría de los casos, son perfectamente tratables, aunque no siempre sean diagnosticables médicamente.

Disfunciones preclínicas de la tiroides:

Un hipotiroidismo subclínico, que no da síntomas y que médicamente no se considera relevante, puede ser el factor determinante para dificultar la maduración del ovocito y, en consecuencia, la fecundación.

  • Esta disfunción es perfectamente tratable.

Síndrome de ovarios poliquísticos:

También este trastorno origina un problema de maduración de los ovocitos. Es lógico: se trata de un síndrome que se caracteriza por provocar una alteración hormonal -con un incremento significativo de la testosterona y otras hormonas masculinas- que reduce las ovulaciones.

  • Esta disfunción es perfectamente tratable.

Resistencia a la leptina:

En ocasiones, el fallo lo encontramos en que hay resistencia a la leptina; esto ocasiona menor producción de la hormona liberadora de gonadotropina, lo que, a su vez, reduce el pico de la hormona luteinizante, que es la principal hormona implicada en el momento de la ovulación. El resultado es una mayor dificultad para la ovulación.

  • Esta disfunción es perfectamente tratable.

 

Insisto de esta manera porque es necesario que entendamos que, muchas veces, esa mujer que ‘no tiene nada’, pero a quien, paradójicamente, se la encamina hacia un tratamiento de Fecundación In Vitro, sí tiene algo. Y ese algo lo podemos tratar y lo podemos modificar.

 

 

 

¿Y los hombres?

Tengo a otra pareja ante mí. A él le han dicho que sí le pasa algo: tiene espermatozoides ‘de baja calidad’. Son pocos, tienen poca movilidad… Y la solución que se les plantea es la de la FIV, porque así, les dicen, se podrá seleccionar al mejor espermatozoide de todos. Nadie les explica que un seminograma se puede modificar por completo en tan solo tres meses.

 

No hablamos de alteraciones genéticas no modificables que impiden la producción de esperma y hacen que el hombre sea estéril, o de patologías como la fibrosis quística que disminuyen la fertilidad. No, en la gran mayoría de los casos, los problemas de fertilidad masculinos se deben a disfunciones espermáticas en volumen, movilidad y morfología. Y estas disfunciones son 100% modificables.

 

El tratamiento pasa por generar un adecuado escenario hormonal, ya que los niveles de hormona tiroidea, de testosterona o de hormona de crecimiento participan de esta maduración espermática, al igual que también influyen micronutrientes como el zinc.

 

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“Tengo pocos óvulos y malos”

Mi tercera pareja de hoy viene con un diagnóstico que es cada vez más frecuente: baja reserva ovárica. En sí mismo, baja reserva ovárica significa que no se tienen muchos óvulos, pero ello no implica necesariamente que esos óvulos sean de mala calidad. Es importante destacar esto, porque a menudo se confunden los términos.

“La baja reserva ovárica va ligada normalmente a la edad”

La baja reserva ovárica va ligada normalmente a la edad: la mujer nace con un número fijo de ovocitos, y los va liberando, de uno en uno, en cada ciclo; a medida que se hace mayor, lógicamente, menos ovocitos le quedan. También suceden otras cosas: cuando la reserva ovárica es menor, la maduración ovocitaria suele ser peor, a menudo debido a que desciende su actividad estrogénica. Pero nosotros podemos compensarlo actuando sobre el resto de los inductores: hormonas de crecimiento, hormonas tiroideas, melatonina… Estos factores influirán en que la maduración sea óptima y podamos obtener un ovocito de mayor calidad.

 

La edad a la que hoy nos planteamos tener hijos se ha retrasado tanto que es muy habitual encontrarnos con mujeres con muy baja reserva ovárica y serias dificultades para la concepción. Nosotros podemos optimizar esos óvulos que quedan -desinflamando, utilizando fitoestrógenos, estimulando determinadas enzimas, con micronutrientes…- y lograr su mejor versión. Tanto para intentar un embarazo natural como para lograr que un tratamiento con MiniFIV (fecundación in vitro mínimamente agresiva) sea un éxito.

 

Todo lo que os pasa

Les pido a las tres parejas anteriores que me cuenten cómo es su día a día. En una visita de PNI te das cuenta de muchas cosas: de que uno de los dos, o los dos, trabajan demasiadas horas al día y está agotado; o no duerme suficientes horas; está inflamado; le faltan micronutrientes; o hay un problema de obesidad y un estado de hiperinsulinemia; o un desorden tiroideo subclínico…

 

De todas las parejas que no pueden tener hijos, posiblemente solo un 1% tengan un problema patológico o anatómico que realmente precise de una fecundación in vitro. Por ejemplo, una obstrucción tubárica o una malformación uterina. El resto, un 99%, se encuentra en alguna de las situaciones que os he descrito hasta ahora.

 

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La sensibilización central

Sigo viendo parejas. Las que vienen ahora me hacen sonreír: han logrado su deseo de ser padres y están felices. Eso sí, lo lograron cuando se ‘rindieron’. Tengo ante mí a Marta, a quien le convencieron de que se sometiera a una donación de ovocitos porque sus óvulos eran demasiado viejos; tan solo dos meses después de que naciera su hija, se quedó embarazada de forma natural. También está Pilar: después de tres ciclos FIV decidió iniciar los trámites de la adopción; a continuación, se quedó en estado.

 

No son casos excepcionales, sino habituales. Son consecuencia, en este caso con final feliz, de un cuadro clínico que es el verdadero causante de muchos casos de infertilidad: la sensibilización central, un estado de estrés crónico que te pone en un estado de alerta permanente.

 

Esa situación de alarma se manifiesta en forma de obsesión: todo el día se piensa en esta limitación, que condiciona cada aspecto de la vida. Cada rutina, desde hacer ejercicio hasta alimentarse, desde los horarios del sueño hasta los de hacer el amor, están llenos tanto de esperanza como de temor. El día a día queda suspendido a la espera de que se produzca un embarazo. Y esta tensión constante reduce por completo la fertilidad.

 

Para que lo entendáis, pensad que el sistema nervioso se subdivide en dos funciones:

  • La supervivencia del individuo
  • La supervivencia de la especie

 

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Cuando el cerebro percibe ese estado de alarma central permanente, interpreta que tu supervivencia está en peligro e inhibe el instinto reproductor; supedita la supervivencia de la especie porque le parece más relevante protegerte. Por eso, cuando finalmente te rindes, cuando bajas la guardia, es mucho más sencillo que se produzca un embarazo.

 

No resignarse al “no te pasa nada”

Los terapeutas en PNI vemos a menudo a estas parejas. Vemos su sufrimiento y su desconcierto, porque no hablamos de cuerpos fértiles o infértiles, sino de personas. Llevan meses intentándolo y no consiguiéndolo. Cada mes, cuando la mujer tiene la regla, es traumático. Y va al ginecólogo y le dice: no te pasa nada.

 

Cuando tenemos ante nosotros un cuadro de sensibilización central, no tiene sentido que nos centremos en los problemas o disfunciones que afectan a la fertilidad. Porque, por muy bien que ajustes la tiroides, por muchas maravillas que puedas hacer con los espermatozoides, la verdadera causa de la infertilidad es esa obsesión. Hay que desactivar esa alerta antes de intentar pensar en la fecundación.

 

A modo de conclusión, y desde mi experiencia, os diría que no debemos resignarnos ante un ‘no tienes nada’, ante un ‘no lo sabemos’. Que el hecho de que existan técnicas de reproducción asistida no es motivo suficiente para dejar de indagar, para desistir de buscar las causas de la infertilidad más allá de lo evidente.

 

Recuerda:

  • Tanto en el proceso de maduración ovocitaria como de maduración espermática hay multitud de disfunciones que a menudo no se contemplan. Por eso tantas veces te contestan ‘No lo sabemos’ a la pregunta de por qué no me quedo embarazada
  • Sí se puede incidir en la maduración ovocitaria y, en consecuencia, en la calidad de los ovocitos. Existe el concepto y está estudiado. Pero no se puede diagnosticar. De ahí el ‘no te pasa nada’
  • El ‘no te pasa nada’, los problemas masculinos en el seminograma o la reserva ovárica baja son la causa de que tantas parejas terminen haciendo FIV
  • La obsesión por conseguir un embarazo provoca cuadros de sensibilización central. Esta situación de estrés permanente se convierte así en la verdadera causa de la infertilidad.

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