fbpx

Dolor e influencia del entorno

Home>Inflamación>Dolor e influencia del entorno

dolor

 

¿Cómo nuestro entorno influencia en el dolor que sentimos? Te lo explicamos

Esta semana me gustaría reflexionar sobre el principal motivo de consulta en cualquier clínica: el dolor.

 

Hace unos días recuperé la foto de un pequeño accidente con la moto que, aunque sin consecuencias graves, me dejó unas buenas quemadas en la pierna, un golpe en el tórax y mis zapatos preferidos al garete. 

 

Esos días me dejé mi silla de terapeuta y me senté en la del paciente.

 

Fue una experiencia muy enriquecedora de la que me gustaría compartir algunas conclusiones con vosotros.

 

Tras la caída, no sentía ningún dolor (primer recordatorio interesante: es espectacular como podemos retrasar la percepción de daño para cuando nos lo podamos permitir) así que pude recoger la moto y dirigirme yo mismo hacia el centro de salud más cercano.

 

Tras una evaluación, el diagnóstico fue de quemaduras en rodilla y pie y contusión en el tórax para lo que me fueron prescritas curas diarias e Ibuprofeno para la inflamación y el dolor cada 4 horas.

 

Como ya comentamos en el artículo ¿Qué hacer ante un proceso inflamatorio?, a no ser que sea insoportable no se recomienda el consumo de antiinflamatorios, pues tomarlos retarda y boicotea la curación. Así que como supondréis me abstuve de consumirlos.

 

Al día siguiente acudí a mi cura diaria y como el dolor en la contusión costal había aumentado, volví a consultar con el médico. Tras una rápida exploración a la palpación y comprobar que mi saturación de oxígeno era adecuada consensuamos que era simplemente “el golpe” y me preguntó si tomaba los antiinflamatorios; a lo que respondí que podía pasar sin ellos y que por lo tanto no me los había tomado.

 

El médico puso cara de preocupación, anotó algo en mi historial e insistió fervorosamente que los tomara.

 

Al día siguiente, la enfermera, mientras me curaba, con cara entre enfadada y preocupada volvió a insistir.

 

He aquí la primera conclusión: la creencia de que hay que evitar el dolor por todos los medios y el miedo a tener dolor boicotea la curación, aumenta el dolor y nos hace sufrir.

 

O dicho de otra manera: esta sociedad llamada de bienestar (evitar el dolor por todos los medios) potencia el malestar.

 

Para entender esto debemos conocer varias cosas:

 

1. ¿Qué es el dolor?

El dolor es una percepción de nuestro cerebro de que existe o podría existir un daño sobre nuestro organismo y no existen circunstancias que justifiquen su inhibición. Éste entra dentro del grupo de las llamadas sensaciones homeostáticos (homeostatics feelings). Es decir, dan una información e inducen una conducta. Otros homeostatics feelings son la sed, el hambre, el frío o el picor. Para generar esta sensación, el cerebro reúne e integra toda la información recibida del cuerpo, del sistema límbico o emocional y del exterior para evaluar si la amenaza es suficientemente potente como para generar dolor.

 

Por tanto sufrir daño no es equivalente a sufrir dolor. Por supuesto, si me quemo la piel como es mi caso es muy muy probable que me duela, pero la intensidad de dolor dependerá del grado de amenaza que eso suponga para mí. Si el dolor en sí mismo es percibido como una amenaza, el peligro aumenta y el dolor también.

 

Algunos ejemplos claros de esto:

 

Analgésicos para el dolorUn analgésico administrado a escondidas apenas es eficaz y una píldora inerte (placebo) presentada como un potente analgésico puede eliminar el dolor (incluso en presencia de lesión). Las palabras modifican al alza o a la baja la liberación de opiáceos internos.

 

El grupo de Fabrizzio Benedetti, de la Universidad de Turín, ha demostrado que con sugestiones a través de información errónea se consigue que un estímulo táctil inofensivo se vuelva doloroso.

 

La percepción de un estímulo doloroso cambia si anticipo que el estímulo será doloroso, si observo una cara asustada o alegre o dependiendo de quien vaya acompañado.

 

Algunos autores llegan a afirmar que la cultura es el factor más importante en la producción de dolor en ausencia de lesión y con capacidad de aumentarlo en caso de que la lesión exista.

 

Hemos llegado tan lejos con esto que la OMS, en 2004, declaró el derecho universal a no tener dolor.

 

En realidad existe una enfermedad, la Ausencia Congénita de Dolor, que impide la producción de dolor a quien lo padece. Así el organismo está desprotegido y por culpa de esta desprotección, la esperanza de vida de estas personas es de 25 años.

 

2. Los analgésicos y anti-inflamatorios interfieren en el proceso de curación normal 

 

La administración de analgésicos y anti-inflamatorios ayudan a percibir el dolor como una amenaza y no como una respuesta natural. Estos medicamentos en sí mismos son moléculas que interfieren en el proceso de información y evaluación sobre el alcance del daño o peligro real que estamos sufriendo. El dolor no es la consecuencia de una incapacidad, de una insuficiencia para fabricar y segregar morfina, aspirina o paracetamol, es una respuesta necesaria a una percepción concreta de daño.

 

En cuanto a la inflamación específicamente, es cierto que ésta nos perturba y nos incomoda, pero no afecta a nuestra salud. De hecho la respuesta inflamatoria está regulada en su dimensión (extensión, intensidad y persistencia) de forma exquisita por el cerebro. La regulación cerebral de la inflamación es tan extraordinariamente precisa como puede ser la de otras funciones corporales: respiración, circulación digestión… generando un ajuste continuo y milimétrico del proceso y adaptándose específicamente a la zona a reparar. Sin dolor no hay una buena dirección del proceso de curación.

 

El dolor y la inflamación son indispensables.

 

Conclusiones:

En mi caso, no ir en moto con pantalones cortos.

 

El pánico social a sufrir dolor aumenta la intensidad del mismo.

 

Tus familiares amigos y algunos expertos de bata blanca pueden influenciar en tu percepción de dolor y te pedirán que consumas analgésicos.

 

Recuerda que el dolor ayuda en la curación “son los ojos del cerebro en la lesión” y evita debates absurdos con quien no te va a escuchar. Simplemente no te tomes los analgésicos si el dolor es soportable.

 

Cuanto más entiendes la función del dolor más llevadero es. Os prometo que cuando lo entiendes, la sensación es muy diferente.

 

 

Regenera, pioneros en formación en psiconeuroinmunología clínica, te ayudamos a encontrar un estilo de vida saludable.

 

 

Néstor Sánchez

Co-Director de Regenera

Máster en Psiconeuroinmunología Clínica

Máster en Biología Humana

Déjanos tu comentario

enviar un whatsapp